El peligro de los rayos. Cómo actuar en caso de tormenta.

En esta ocasión vamos a hablar del peligro de los rayos y de cómo protegernos o evitar ser alcanzado por uno de ellos.

Cada día se producen en el mundo más de 44.000 tormentas eléctricas que descargan alrededor de 8 millones de rayos. No es nada infrecuente que una persona sea alcanzada por un rayo. Si repasamos la estadística podemos ver como en España, por ejemplo, murieron más de 2.000 personas por esta causa entre 1941 y 1979. En los últimos años esta cifra ha ido decreciendo, debido principalmente al progresivo abandono de las actividades rurales.

Sin embargo, aún hoy es importante conocer cómo debemos actuar en caso de tormenta eléctrica, ya que se siguen produciendo alcances por rayo, como el que afectó a un hombre de 43 años el pasado 14 de mayo en Madrid.

¿Qué hacer en caso de tormenta eléctrica?

Si estamos en campo abierto, o en una zona de montaña:

  • Lo mejor siempre será buscar refugio en áreas bajas, pero nunca en ríos o lagos.
  • Nunca hay que refugiarse debajo de un árbol, sobre todo si está aislado. La humedad y la altura de los árboles aumentan la intensidad del campo eléctrico y atraen la carga.
  • Si estamos nadando en el mar o en un río o lago deberemos salir inmediatamente.
  • Lo ideal es refugiarse en el interior de un edificio pero, si no es posible, lo más conveniente será colocarnos en cuclillas, en posición fetal o con el cuerpo a tierra (totalmente en horizontal). De este modo evitaremos que nuestro cuerpo “sobresalga” respecto al entorno y, por tanto, sea menos probable que nos alcance un rayo.

Si estamos en zona urbana, pero fuera de casa:

  • Lo más recomendable es meterse en un vehículo, ya que las ruedas son un buen aislante.
  • Es mejor evitar el paraguas, sobre todo si es de punta metálica.

Por último, si estamos en casa o en el interior de un edificio:

  • Es conveniente cerrar puertas y ventanas. De esta forma evitamos corrientes de aire que puedan ser aprovechadas para conducir la descarga eléctrica.
  • No deberemos utilizar herramientas u objetos metálicos.
  • Es mejor no utilizar el teléfono, el televisor o cualquier electrodoméstico eléctrico.
  • Si la tormenta es muy fuerte, la parte más segura de la casa es la cama, sobre todo si el somier y las patas son de madera.

Aunque existe discrepancia entre los científicos en determinar si el teléfono móvil atrae o no las descargas eléctricas, es recomendable no utilizarlo si no es estrictamente necesario y si estamos en el exterior.

Siguiendo estas sencillas reglas, sin duda minimizaréis las probabilidades de ser ser alcanzados por un rayo. Recordad que la mejor defensa ante cualquier tipo de riesgo natural es la prevención.

Climatología y series climáticas

La Climatología es la ciencia que se ocupa del estudio de los climas, su distribución geográfica y sus variaciones a lo largo del tiempo. Pero, ¿qué es el clima? Existen varias definiciones. Una de las más conocidas es la de Hahn, para el cual el clima es el «conjunto de fenómenos meteorológicos que caracteriza el estado medio de la atmósfera en un punto cualquiera de la Tierra». Sorre define clima como «la serie de los estados de la atmósfera por encima de un lugar en su sucesión habitual». En estas y en todas las definiciones del término clima, el denominador común es que nos referimos a condiciones atmosféricas promedio, habituales o características, en contraposición al tiempo, que alude a las condiciones meteorológicas instantáneas.

Desde que existen las estaciones meteorológicas que registran diariamente las distintas variables meteorológicas (presión, temperatura, humedad, precipitaciones…) las series de datos durante periodos largos (al menos 30 años) se han convertido en una fuente fundamental para el estudio del clima. De hecho, son las series climáticas las que nos permiten valorar mediante cálculos estadísticos ese «estado medio o característico» de una localidad determinada. Además, comparando distintas series climáticas se ha podido avanzar en el estudio de la evolución del clima, los cambios climáticos y en el conocimiento de los factores climáticos. La altitud, la exposición, la cercanía o lejanía al mar, la orografía… cada día se descubren nuevos condicionantes, factores que intervienen en el complejo sistema atmosférico.

Las series climáticas son por tanto un conjunto de datos, de registros de sucesivos estados del tiempo en un lugar determinado durante un periodo de tiempo largo. Los datos pueden presentar distinta resolución temporal: anual, mensual o diaria. En cualquier caso es imprescindible a la hora de analizar los datos y obtener resultados que la información contenida en una serie climática esté ordenada y sea coherente y uniforme en cuanto a:

  • Ubicación de la estación meteorológica.
  • Variables registradas.
  • Resolución temporal.
  • Continuidad temporal (consistencia).
  • Unidades de medida.

La sensación térmica

Muchas veces habréis oído al hombre del tiempo hablar sobre la sensación térmica o la temperatura de sensación. Pero, ¿qué es eso de la sensación térmica? Resulta que, bajo determinadas condiciones atmosféricas, principalmente de viento o humedad, se ha demostrado que nuestro cuerpo siente una temperatura distinta a la real. De este modo, la sensación térmica trata de estimar la temperatura ambiente que percibe nuestro cuerpo, que no siempre coincidirá con la temperatura real.

Como ya hemos comentado, hay dos factores principales que distorsionan nuestra sensación de la temperatura: la velocidad del viento y la humedad. En inglés se utilizan términos distintos según hablemos de sensación térmica por viento o por humedad: el windchill y el THI (Temperature-Humidity Index) o el HI (Heat Index). En España hablamos de bochorno cuando queremos indicar esa sensación agobiante del calor combinada con una alta humedad ambiental pero, en general, tenemos que concretar si nos referimos a sensación térmica de frío, en caso de viento fuerte, o de calor en caso de humedades elevadas.

Y, ¿por qué varía nuestra sensación térmica dependiendo del viento o la humedad? En ambos casos se trata de pura fisiología.

Temperatura de sensación y viento.

Nuestro cuerpo produce calor. En condiciones normales nuestra temperatura es de algo más de 36º C. Al estar dentro de la atmósfera intercambiamos constantemente parte de nuestro calor interno con el aire que nos rodea. Cuando hay viento, la capa de aire que nos envuelve, la que está directamente en contacto con nuestra piel, se renueva constantemente, por lo que nuestro organismo no es capaz de llegar a calentarla. Es como si el esfuerzo que tenemos que hacer para calentar la pequeña película de aire que hay a nuestro alrededor fuera en vano, porque nunca es el mismo aire; el aire se mezcla y el calor se pierde. Por eso, cuanto mayor es la fuerza del viento menor es la temperatura de sensación. Podemos tener una temperatura real ampliamente positiva pero nuestro cuerpo, expuesto a un viento constante de 30 o 40 Km/h, percibe la misma sensación de frío que tendría con una temperatura negativa sin viento.

Representación de los efectos del windchill combinando temperatura y velocidad del viento.Fuente: Wikipedia

Representación de los efectos del windchill combinando temperatura y velocidad del viento.
Fuente: Wikipedia

Temperatura de sensación y humedad.

Un aire muy húmedo es un aire que está casi saturado. El aire, según su temperatura, tiene una capacidad determinada de retener vapor de agua sin precipitarlo. Cuando decimos que hay un 90% de humedad relativa significa que le falta un 10% de vapor de agua para que se sature, para que condense. Además, el aire retiene mayor cantidad de vapor de agua cuanto mayor sea su temperatura. Por tanto, en verano, con temperaturas cálidas, el aire puede retener muchísimo vapor de agua sin que precipite. Por otro lado, nuestro cuerpo, cuando tiene calor, trata de transpirar a través de la sudoración. Es un mecanismo simple pero efectivo: humedecemos con sudor nuestra piel para que la evaporación de ese sudor nos resfresque y podamos disminuir nuestra temperatura. Pero ¿qué pasa cuando el aire está tan saturado? Que se dificulta la evaporación. En días cálidos y húmedos nos quedamos empapados en sudor, pegajosos. El sudor no se evapora fácilmemente porque el aire ya está repleto de vapor de agua. De este modo, aunque la temperatura real sea de 30, 31 o 32º C nuestro cuerpo sufre como si estuviera bajo temperaturas de 39 o 40º C con aire más seco.

Por tanto, la temperatura de sensación trata de cuantificar la influencia del viento y la humedad sobre nuestra percepción de la temperatura. Hay muchas y muy diferentes formas de calcularla, pero lo que es seguro, es que ambos factores cambian notablemente la temperatura que realmente sentimos.

ACOMET: un punto de encuentro para hombres y mujeres del tiempo

Desde el pasado mes de diciembre los profesionales de la comunicación meteorológica disponemos de un magnífico espacio propio: ACOMET. La Asociación de Comunicadores de Meteorología ha nacido con un objetivo principal: mejorar la calidad de la información del tiempo y el clima dentro de los medios de comunicación. Al mismo tiempo, ACOMET quiere convertirse en un vínculo entre los hombres y mujeres del tiempo, una gran familia de los comunciadores de Meteorología.

Logo ACOMET

Logo ACOMET

Un estudio reciente del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) muestra que el 70% de la población sigue diariamente la información meteorológica. Ante esta creciente demanda social de este tipo de información se hace necesario, por ejemplo, consensuar la terminología o plantearse cuál es la mejor manera de llevar al gran público un mensaje científico, muchas veces complejo.

ACOMET, a través de sus asociados y de la estrecha colaboración con otros organismos y entidades como AEMET o Protección Civil, pretende responder a todas esas preguntas. Y seguro que lo hará. De entrada, está liderada por varios comunicadores de referencia en nuestro país: Ángel Rivera (AEMET), Mónica López y Albert Barniol (TVE), Roberto Brasero (Antena 3), Mario Picazo (Mediaset) o Jacob Petrus (Telemadrid) son algunos de ellos. Pero, sobre todo, cuenta con el apoyo y la ilusión de muchos entusiastas de esta ciencia, la Meteorología. Con esa ilusión, colaboración y buen hacer, no hay duda de que esta iniciativa, muy pronto, dará sus frutos.

 

 

La isla de calor

El otro día me levanté muy temprano, como siempre. Con las prisas, también como casi siempre, me dejé la chaqueta en casa. Al salir a la calle sentí que, al fin y al cabo, no hacía tanto frío. Continué apresurado por mi calle hasta llegar a La Rambla y cogí el metro en la Plaza Cataluña. Pero, al llegar a mi destino, el barrio de Pedralbes, pude notar en seguida que el frío se había intensificado notablemente. Fue entonces cuando recordé las palabras que la tarde anterior había pronunciado en su clase magistral el Dr. Martín-Vide: “En noches como la de hoy, con poco viento y cielo despejado, es muy probable que la isla de calor funcione con intensidad”.

Manhattan de noche

Nueva York, una de las grades metrópolis mundiales también sufre los efectos de la isla de calor.

¿La isla de calor? Sí, la isla de calor (urban heat island). No hablamos de ninguna isla tropical con temperaturas tórridas. En realidad, se trata de una anomalía térmica positiva que se produce en los centros de la ciudades en contraste con una periferia más fría. Si trazáramos sobre un mapa de la ciudad varias líneas uniendo los puntos de igual temperatura veríamos que presentan una forma concéntrica alrededor del núcleo más cálido, normalmente coincidente con el centro urbano. Esta forma, parecida al de una isla, es lo que le ha dado nombre al fenómeno.

La isla de calor se debe a muchos factores pero, en síntesis, es consecuencia de que la ciudad altera el área sobre la que está ubicada y, con ello, modifica el clima. Es importante remarcar que se trata de un fenómeno a escala local, por lo que no podemos relacionar este calentamiento artificial, antrópico, con el cambio climático. Éste último afecta a todo el planeta, es de escala global, mientras que la isla de calor solo afecta a la ciudad y sus áreas más próximas.

¿Y cómo puede una ciudad cambiar el clima aunque tan solo sea a escala local? Lo cierto es que lo hace. Y es más, no hace falta que la ciudad sea muy grande. Se ha estimado que un núcleo de apenas 2.000 habitantes ya puede tener su propia isla de calor. La ciudad, por pequeña que sea, sobreimpone a la topografía real (el suelo natural) una “topografía urbana”, geométrica, lineal, compacta, densa, muy distinta a lo que encontramos en la naturaleza.

Esto incide, por ejemplo, en los flujos de aire: el viento disminuye su velocidad y aumenta su turbulencia. Por otro lado, el suelo pavimentado tiene una gran capacidad calorífica, lo que modifica el balance energético. Además, al ser un suelo impermeable, no hay infiltración, toda el agua se drena artificialmente, por lo que la evaporación no es la misma que la que habría en un suelo natural. A todo esto hay que añadirle los efectos propios de las actividades antrópicas: combustiones, iluminación, calefacciones, tráfico… Estas actividades implican,en primer lugar, un aumento de la temperatura y, en segundo lugar, un reforzamiento de la convección que da lugar a una mayor nubosidad.

La isla de calor es un fenómeno nocturno y no siempre tiene la misma intensidad. Durante el día las anomalías térmicas entre el centro y la periferia son normalmente despreciables. Incluso pueden invertirse, es decir, la periferia puede llegar a presentar mayor temperatura que el centro urbano. Suele darse más en invierno y se produce en condiciones de estabilidad atmosférica porque, si hay convección, es decir, existen corrientes ascendentes y descendentes de aire, la atmósfera se homogeniza y las diferencias de temperatura son mínimas. Lo mismo ocurre si hay viento. Otra condición que intensifica la isla de calor es que el cielo esté despejado. De esta forma hay un mayor contraste entre las pérdidas de radiación de onda larga (infrarroja) hacia la atmósfera que se dan en la periferia y áreas rurales que las que se dan en la ciudad. Cuando hay nubosidad las propias nubes reflejan este tipo de radiación, por lo que las diferencias de pérdida son mínimas entre el campo y la ciudad. En cambio, cuando el cielo nocturno está al raso, la radiación que emite el suelo, los árboles, etc. no encuentra obstacúlos para perderse libremente en la atmósfera. Esto no ocurre en la ciudad. Los altos edificios, calles, carreteras… emiten al mismo tiempo que reflejan gran cantidad de radiación retenida durante el día dificultando enormemente la pérdida de calor.

Por tanto, cuando el viento está en calma, la atmósfera está estable y la nubosidad es escasa la intensidad de la isla de calor es máxima. En Barcelona, por ejemplo, con este tipo de condiciones, se han llegado a registrar diferencias de hasta 8-9º C entre el centro y sus áreas periféricas. Esto significa que en invierno puede estar helando en algunas zonas mientras que en otras la temperatura es ampliamente positiva.

A priori pudiera parecer que la isla de calor no tiene mayor importancia pero, en realidad incide enormemente en nuestras vidas. Hay que recordar que actualmente, en los paises desarrollados, más del 75% de la población es urbana. Somos más de 5.000 millones de personas en el mundo los que estamos sometidos a un clima antropizado, alterado. Esto tiene muchas implicaciones: energéticas, ambientales, de salud… en las que no vamos a entrar en este artículo. En cualquier caso, como mímimo, al salir de casa no olvidéis vuestra chaqueta, sobre todo si vivís en el centro y os váis hacia la periferia…